Dominada por el deseo

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Dominada por el deseo

Mensaje  pignoisera el Jue Feb 04 2010, 14:04

ACLARACIÓN: este fic no es mio, la autora original es stephyjonaas

ADVERTENCIA: Somos salidorras, pero DEBO aclarar que es MUY fuerte. Creo que está catalogada como erótica y bueno es mi responsabilidad hacer que lo sepais.



Argumento
Ella no sabía que había algo por lo que estaba dispuesta a suplicar...

______ O'Malley ha sido testigo de muchas cosas extravagantes como presentadora de un programa de televisión sobre sexo. Pero nunca había conocido a un hombre como Daniel Mateo, un reconocido maestro de las artes eróticas que desea proporcionarle todo aquello por lo que ella suspira en secreto. Aunque Dani es guardaespaldas y pretende protegerla del acosador que la persigue, ______ no se siente en absoluto segura en su presencia. Cuando comienza a participar en los juegos sexuales que él le propone, que la someten a su voluntad, intuye que sus motivos no son tan inocentes como parecen, pero no imagina lo personales que pueden llegar a ser. Y así, seduciéndola, dominándola, Dani hará realidad sus más profundas fantasías...
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  GremyEme el Jue Feb 04 2010, 15:58

Guao tia tiene buen arranque!

Besos,Gremy
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  pignoisera el Vie Feb 05 2010, 07:15

Capítulo 1

—¿Te has permitido alguna vez dejarte llevar por un hombre cuyo único propósito sea el de darte placer?
Las palabras aparecieron en la pantalla del portátil de ______ O'Malley. Inspiró, sobresaltada. Hacía menos de tres minutos que había conocido a ese hombre en un chat. ¿Cómo podía saber él que era eso lo que ella quería?
Debía de haberlo intuido o adivinado de alguna manera. No le había contado nada sobre sí misma, ni una sola cosa salvo su nombre y que quería entrevistarle para su programa de televisión por cable.
Pero mientras ella permanecía en silencio, anonadada, él dejó al descubierto sus secretos.
—¿No quieres que un hombre mire en tu interior, que conozca tus más íntimas fantasías, ésas tan oscuras que ni siquiera cuentas a tus amigos, y que consiga que se hagan realidad?
______ sintió que una oleada de deseo se le anudaba en el vientre y le comenzaron a sudar las manos. Tragó saliva.
La silenciosa sala de estar empezaba a teñirse con todos los colores del atardecer. ______ se removió en el sofá de cuero negro, intentando ignorar esos deseos que le rondaban en la cabeza.
Esto era trabajo. Él era trabajo. No era buena idea perder la cabeza por el que sería su próximo entrevistado. Puede que sólo fuera un programa nocturno de entrevistas para la televisión por cable, pero Provócame era su trabajo, su creación, su pequeña rebelión... su vida.
Además, desear a un hombre del que no sabía ni siquiera su verdadero nombre, al que jamás había visto en persona —cuyo estilo de vida ni siquiera conocía—, era, sencillamente, una estupidez.
—Entonces, Amo J, ¿qué hace un Amo? —Tecleó la respuesta, decidida a mantener una conversación ligera—.—. ¿Convertir las fantasías en realidad?
—Algunas
—respondió él al fin—. Pero eso simplificaría demasiado la cuestión. Lo más importante es contar con la confianza de tu pareja. La confianza es importante en cualquier relación, especialmente en una que implica Dominación y Sumisión. Si ésta no existe, ¿cómo podría una mujer entregarse libremente al cuidado de un hombre sin estar segura de que su bienestar y su seguridad siempre serán lo primero para él? ¿Cómo podría saber que su Amo la comprenderá hasta el punto de hacer realidad cada una de sus fantasías más atrevidas?
¿La dominación era algo más que atar a alguien a la cama para echar un polvo? La sorpresa hizo que ______ frunciera el ceño. Confianza, seguridad, comprensión... tenía que admitir que todo ello sonaba como una fantasía en sí mismo. Era cierto que ella había echado en falta todas esas cualidades en la relación con su último novio, Adrián, en especial, la comprensión.
—La confianza permite que una mujer conecte con esa parte primitiva de su ser que implora rendirse a la misericordia de su Amo, sin saber si los planes que éste tiene para ella implican placer, dolor, o ambas cosas a la vez ______ no podía negar que el Amo J le intrigaba más ahora que cuando uno de sus ayudantes de producción, Tino, le había pasado su biografía.
Entrando en su correo electrónico, abrió el dossier que le habían proporcionado y lo releyó de nuevo.
«Activo practicante de técnicas de dominación y sadomasoquismo durante casi diez años, el Amo J ha experimentado todas las facetas, pero continúa aprendiendo. Posee una compañía de seguridad personal y ha sido guardaespaldas de senadores, diplomáticos y deportistas. Graduado en West Point, también ha prestado servicio en las Fuerzas Especiales del Ejército como jefe de equipo antes de pedir la baja voluntaria».
______ cerró el correo electrónico. El párrafo revelaba mucho del hombre cuyas palabras la hacían estremecer con oscuras fantasías. Autodisciplina, honor, coraje. Pero al mismo tiempo decían muy poco de él. ¿Quién era ese tipo? ¿Sería cierto que podía atar a una mujer y jugar con ella hasta hacerla implorar?
—¿______?—Su nombre apareció en la pantalla—.¿Sigues ahí?
—Lo siento. Estaba pensando. Al parecer tengo que aprender más del tema para hacer bien el programa. Supongo que pensé que todo consistía en ataduras de terciopelo y esposas.
—También consiste en eso.

Ella se rió, ignorando el deseo que se le enroscó en el vientre... y más abajo. Sentir curiosidad no la convertía en una depravada. Por supuesto que no. Sencillamente sentía interés en conocer las costumbres de otras personas.
—Pero además es un intercambio de poder y confianza —tecleó él—. Una mujer elige entregar su cuerpo y su mente a su Amo. Rinde su cuerpo y su libertad a cualquier cosa que él desee
«¿Qué tipo de rendición?» Exigió saber una vocecita en su interior. Miles de oscuras imágenes de sus más íntimas fantasías le inundaron la cabeza: ella arrodillada ante el miembro de ese desconocido, él ordenándole que abriera las piernas para poder examinarla a sus anchas, ella atada a la cama mientras él se disponía a hacer cualquier cosa que quisiera.
Aturdida por el escandaloso rumbo que llevaban sus pensamientos, se obligó a ignorarlos e inhaló con fuerza.
Había leído que mucha gente tenía fantasías de sumisión en algún momento de su vida. Tenerlas era algo normal, no importaba lo que hubiera dicho Adrián
______ volvió a removerse inquieta sobre el sofá de cuero, ignorando la humedad que sentía entre las piernas.
—Pero una relación de sumisión consiste en mucho más —escribió el Amo J—. ¿Cómo es posible atar a alguien, vendarle los ojos, dejar a oscuras la habitación donde se encuentra y aún así conservar su confianza? ¿Cómo desarrollar una relación gratificante cuando sólo una de las partes tiene todo el poder?
«Exacto».
La mirada de ______ permaneció anclada en la pantalla mientras esperaba que él escribiera más. Durante una dilatada y silenciosa pausa contuvo el aliento, pero no ocurrió nada. El Amo J no iba a revelar nada más. Supuso que era así como actuaba en el dormitorio. Que tendría la virtud de dar y de no dar.
Finalmente, una larga respuesta apareció en la pequeña ventana del chat.
—Lo siento, acabo de recibir una llamada urgente. Tengo que irme. Si crees que puedo ayudarte con el programa podemos quedar. Te responderé entonces a todas las preguntas que quieras hacerme. En un lugar público si lo prefieres, así no tendrás que preocuparte de que sea un asesino en serie intentando camelarte. Será más rápido. Soy muy bueno dominando, pero no escribiendo a máquina . Aún tecleo con dos dedos.
______ contuvo su impaciencia. Algo no demasiado difícil cuando ese hombre la hacía sonreír con sus chistes.
—De acuerdo —contestó—. ¿Podemos quedar mañana a las tres? He estado «googleando»y he encontrado un lugar que parece ser bastante popular en Madrid, llamado La Roux. ¿Lo conoces?
Cher, soy de aquí. Conozco hasta las grietas de las aceras.
______ sonrió y tecleó
—¿Cher? ¡No soy ni lo suficientemente alta ni vieja como para haber sido cantante en los sesenta!
—Jajaja. Quiere decir cariño en francés —tradujo él—.[/i] Soy cajún, el francés es mi idioma materno. [/i]
______ leyó la respuesta e ignoró el leve aleteo de su estómago. El flirteo era algo muy francés, y él se había criado en esa cultura. Sin duda era tan natural para él como respirar.
— Supongo que he vivido en Barcelona demasiado tiempo. ¿Quedamos entonces?
—Claro. ¿Cómo te reconoceré? Hay muchas chicas bonitas en Madrid. Quiero estar seguro de revelar mis más íntimos secretos a la correcta.

______ no dudaba de que sería una persona fascinante. Tenía algo que ver con su interés por los látigos y las cadenas. No cabía duda de que la mayoría de las mujeres «normales» saldrían corriendo espantadas en dirección contraria al pensar en el más leve dolor o sometimiento en el sexo.
—Llevaré un sombrero de paja, gafas de sol, bufanda y un enorme abrigo oscuro —contestó
—Parece como si fueras a ir disfrazada —respondió el Amo J.
No tenía ni idea. No pensaba pregonar a los cuatro vientos que tenía un acosador. ______ esperaba que la razón por la que necesitaba disfrazarse fuera atrapada pronto y comenzara a pudrirse en el infierno.
—Hasta mañana —escribió.
—Au revoir
Momentos después apareció en su pantalla el mensaje que anunciaba que el Amo J había abandonado el chat. Con un suspiro, se movió para cerrar la ventana.
Le temblaba la mano. No, le temblaba todo el cuerpo, a pesar del calor que le hormigueaba bajo la piel.
Estaba cansada, eso era todo.
«El cansancio no te hace sentir dolor en esos lugares tan personales», se burló la vocecita de su mente. «El cansancio no te moja».
—El cansancio me hace oír vocecitas molestas en la cabeza —se quejó.
Intentó relegar al Amo J al fondo de su mente y centrar la atención en las preguntas que le haría al día siguiente. El guión del programa tenía que estar listo pronto, y quería estar preparada para empezar la segunda temporada con un bombazo. Tenía una audiencia aceptable, y con el material adecuado, el programa acabaría de despegar hacia el estrellato.
Eso significaba que que tenía que concentrarse en el objetivo de su trabajo.
Sin embargo, diez minutos después seguía con la mirada perdida en la pantalla en blanco, y ______ admitió que no podía dejar de pensar en el Amo J. ¿Por qué?
«¿Quizá porque él sí vive todas esas fantasías que a ti te gustaría experimentar?»
______ sacudió la cabeza, resuelta a ignorar esa exasperante vocecita. Sentía curiosidad, no era una viciosa. No importaba lo que Adrian dijera ni lo que pensara su madre.
Con un suspiro cogió el teléfono y marcó el número de su ayudante de producción en Barcelona
—Tino —dijo cuando le contestó—. Mira, hablé con ese tipo que me recomendaste, el Amo J, y me leí su biografía. Me reuniré con él mañana. ¿Cuál es su historia? ¿Sabes algo más sobre él?
—Sí —contestó el hombre, con esa voz ronca producto de fumarse dos cajetillas diarias—. Hice algunas llamadas a Madrid y pregunté en los clubes de sadomasoquismo de la zona si habían oído hablar de él sólo para asegurarme de que no es un farsante. Todo cuadra.
Era un alivio... pero al mismo tiempo no lo era. Tino se había convertido rápidamente en un segundo padre para ella, y confiaba en él. Pero ignorar la curiosidad que sentía por el Amo J habría sido mucho más fácil si Tino no hubiera podido corroborar esos datos. Ojalá hubiera podido considerarlo como otro chiflado más que quería hablar de sexo en la tele.
______ se mordisqueó un labio..., pero su innata curiosidad ganó la partida.
—¿Qué se comenta sobre él?
—Muchas cosas. No es un habitual en esos clubes, pero suele acudir con regularidad. Al parecer, sabe cómo tratar a las mujeres y tiene una reputación en consonancia. Muchas de las personas con las que hablé me dijeron que él sería capaz de lograr que hasta una monja le suplicara que la atara y la follara. Definitivamente le gustan las mujeres sumisas. Oye, ¿no estarás interesada en ese rollo, verdad?
—¿Qué? —El corazón de ______ se saltó unos cuantos latidos—. ¿Yo? ¡No! —se burló—. ¿Por qué iba a interesarme un matón que disfruta haciendo que una mujer se sienta inferior?
—¿Estás segura? —Tino sonó escéptico.
—¿Tengo pinta de que me gusten ese tipo de cosas? —replicó ______.
Reggie no dijo nada y ______ sintió que la invadía la angustia.
Un sonido en el cerrojo de la puerta hizo que ______ mirara en aquella dirección. Suspiró aliviada cuando su hermanastro, Brandon, entró en la estancia.
—Tengo que dejarte —le dijo a Reggie—, te llamaré mañana des¬pués de haberme entrevistado con ese tipo.
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  Nane el Vie Feb 05 2010, 09:11

Gracias mañana que tengo tiempo me lo leere Razz
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  pignoisera el Vie Feb 05 2010, 16:20

Capitulo 1 (segunda parte)
***una cosilla, si leeis por ahi un Fuentes, cambiarlo por Aragon***


—Hola, hermanita —la saludó Gonzalo cuando colgó el teléfono.
Apartando de su mente la conversación con Tino, se levantó y se acercó a él para darle un abrazo.
—Hola, ¿has tenido un buen día?
La aristócrata boca de su hermano se frunció en una mueca.
—No exactamente. Me tengo que ir a Irak y permanecer allí tres semanas.
La sorpresa y, si ______ era sincera consigo misma, el miedo, se le anudaron en el estómago.
—¿A Irak? Pensé que te pasabas la vida sentado detrás de un escritorio.
—Y así es casi siempre, pero hay excepciones.
—Oh, demonios... ¿por qué a Irak?
—Información clasificada. —Soltó una risa amarga—. Ya conoces este mundo... no puedo decir dónde voy ni lo que haré, pero no voy a estar cerca ni de un ordenador ni de un teléfono. ______, no quiero dejarte sola. Es peligroso, y sé que estás asustada.
______ tragó saliva. Gonzalo ya había hecho mucho por ella acogiéndola en su casa, a pesar de que podría provocar la ira de su querido papaíto, para protegerla de la escoria que la acechaba. Tenía miedo, pero no permitiría que Gonzalo se sintiera culpable sólo por hacer su trabajo.
—Estaré bien. —Ya pensaría en algo... tenía que hacerlo—. Estaré ocupada con el trabajo. No te preocupes.
—Si ocurre algo, creo que deberías llamar a papá.
______ lo miró boquiabierta, conteniéndose para no soltar un comentario sarcástico.
—Puede que sea tu papá, pero para mí sólo es mi padre biológico... el mismo que ha negado mi existencia los últimos veinticinco años.
Gonzalo suspiró.
—______, ya sabes cómo son los políticos, especialmente en el sur. Si la gente supiera que echó una canita al aire con una jovencita que apenas tenía edad para votar teniendo una esposa y tres hijos en casa...
—Sé que eso arruinaría al presidente de la Generalitat.
—Se rumorea que presentará una candidatura para alcalde en el 2012. —La simpatía y la pena se reflejaron en la atractiva cara de Gonzalo
—Eso es exactamente por lo que no puedo llamarle. Además, ni siquiera contestaría a mi llamada.
—Lo haría si estuvieras en peligro. Papá podría protegerte.
______ tenía sus dudas pero no dijo nada.
—Es una pena que no podamos decirle que soy tu novia. Funciona con el resto del mundo.
—Hum, si alguna vez se descubriera nuestra verdadera relación, tendríamos que confesar que somos culpables de incesto o de mentir. No es una elección fácil.
—Esperemos que eso no ocurra. De todas formas, no creo que mi acosador sepa que he abandonado Barcelona., así que no tendrá ni idea de dónde encontrarme.
Asintiendo con la cabeza, Gonzalo comenzó a examinar el correo. Cuando llegó a un enorme sobre, frunció el ceño.
—¿Sabe alguien que estás en Lleida?
¿Aparte del Amo J, con quien había chateado quince minutos antes, y algunos amigos cercanos?
—No.
La preocupación atravesó como un nubarrón la cara de Gonzalo
—Alguien lo sabe. Esto estaba en el buzón. No tiene ni remite ni franqueo. Fue entregado en mano.
Le tendió el sobre, y ______ lo tomó mientras el temor le hervía en el estómago. Conocía esa letra.
Santo Dios, ¿cómo la había encontrado allí? ¿Y cómo tan rápido?
«¡No!»
Conteniendo el aliento, abrió el sobre y sacó el contenido. Cuando lo hizo, unos pétalos de color rosa con el centro húmedo y los bordes mustios cayeron al suelo, flotando en el aire hasta el duro suelo de madera. Pareció como si gruesas gotas de sangre cayeran a su alrededor.
______ soltó un jadeo. Él sabía que ella estaba allí. ¿Cómo la había encontrado?
Luego su mirada cayó en las fotos. Fotos de ella. En la primera aparecía llegando al aeropuerto de Barcelona el día que había huido a Lleida. En la siguiente estaba en el patio de Gonzalo con un chándal y una sudadera que mostraba sus pezones erguidos por la fría brisa matutina. La última era una foto en la que aparecía con un camisón de encaje y seda y una bata a juego, mientras se despedía de Gonzalo con un beso en la mejilla en la entrada de la casa antes de que él se marchara a trabajar. Esa misma mañana.
Con el estómago revuelto, ______ no protestó cuando Gonzalo le arrancó las fotos de sus dedos entumecidos. Las examinó con una maldición ahogada.
—Son del acosador, ¿no? Está aquí. ¡Qué hijo de perra! —Se pasó una mano por el pelo oscuro y crespo, cortado de manera convencional—. Voy a llamar a la policía.
Santo Dios, ojalá las cosas fueran tan sencillas.
—No pueden hacer nada. La policía de Barcelona me dijo que él tenía que hacer algo ilegal antes de poder ir a por él. Hacer fotos no va contra la ley.
—Ha invadido mi propiedad. —Gonzalo sostuvo en alto la foto del patio trasero, arrugándola con sus grandes dedos—. Mi patio es propiedad privada. La única manera de hacer esta foto es entrando ilegalmente. Ha quebrantado la ley.
Cogió el inalámbrico y marcó el 091. ______ simplemente negó con la cabeza.
Aunque Gonzalo tenía razón, dudaba que la policía de Lleida pudiera hacer más que la de Barcelona. El acosador no había robado nada, no había causado ningún destrozo... aún. ______ podía sentir cómo la ira del acosador iba creciendo por la frecuencia de sus contactos y por el hecho de que la había seguido hasta Lleida. Y a la policía no le importaría lo que ella dijera.
Gonzalo colgó el teléfono.
—Llegarán en un momento.
______ se encogió de hombros e intentó controlar el pánico que burbujeaba en su interior.
Sin poder hacer nada más que esperar, volvió a meter las fotos en el sobre. Cuando se encontró con que algo se lo impedía, se dio cuenta de que había otra cosa dentro. Perpleja, metió la mano en el sobre. Por lo general, ese loco bastardo sólo enviaba fotos... unas fotos desconcertantes e inquietantemente íntimas, pero nada más.
Pero no había sido así en esa ocasión.
Sacó bruscamente del sobre marrón un recorte de papel en el que había garabateado unas feas letras negras.
«Me perteneces. Eres mía».
______ se tragó el nudo de miedo que le obstruía la garganta. Ahora él se comunicaba con ella. Directamente. Le transmitía su posesividad, la furia que sentía ante la idea de que hubiera otro hombre en su vida. Ese lunático no sabía que Gonzalo era su hermanastro. Había creído la historia que Gonzalo había inventado, tanto para explicar la presencia de ______ en su casa como para alejar al psicópata acosador.
Aunque pensar en quedarse sola asustaba a ______, una parte de ella se alegraba de que Gonzalo tuviera que irse al día siguiente. Si le ocurriese algo, no sería porque su acosador hubiera decidido quitar de en medio a la «competencia». Ya se le ocurriría algo en las próximas tres semanas que Gonzalo estaría fuera. Encontraría algún otro lugar a dónde ir, de manera que cuando Gonzalo regresara, ella no pudiera poner en peligro al único de los hijos del presidente Fuentes que se había puesto en contacto con ella.
Quizá, como Tino le había sugerido antes de marcharse de Barcelona, necesitaba un guardaespaldas.
—¿No tienes ni idea de quién puede ser este pervertido? —gruñó Gonzalo, mirando fijamente la nota por encima del hombro de ______.
—No. —Ella negó con la cabeza—. Ojalá la tuviera. No me llevo mal con ninguno de mis compañeros de trabajo. Y mi novio me abandonó, no lo dejé yo.
—¿Uno de los seguidores del programa? ¿Un fanático que no sepa que hay ciertos límites?
______ se encogió de hombros.
—Quizá. He recibido un extraño e-mail de un seguidor del programa, pero no resulta amenazador, ni invade mi intimidad.
—-Voy a buscar a alguien que llegue hasta el fondo de esto, pequeña. No voy a dejar que te ocurra nada —le prometió.
En ocasiones como ésa, ______ se preguntaba cómo era posible que Gonzalo y ella tuvieran algo en común con los demás hijos del presidente Aragon. No tenían nada que ver con esos hombres ávidos y hambrientos de poder.
—Maldición —juró de pronto Gonzalo, rompiendo el silencio—. Ojalá no tuviera que irme mañana. Me recogerán a las cinco de la madrugada y no podría ser en peor momento. ¡Maldita sea! El gobierno puede ser un amante de lo más exigente.
______ no sabía exactamente en qué trabajaba Gonzalo, no le permitían contárselo a nadie. Por cosas que él le había comentado en los tres años transcurridos desde que había descubierto el secreto de su padre y la había localizado, ______ había supuesto que trabajaba para Inteligencia. Pero no tenía ni idea de qué hacía.
—Si tanto odias tu trabajo, y deseas presentarte como candidato a un cargo público como sé que deseas hacerlo, ¿por qué simplemente no lo haces?
Por primera vez desde que lo conocía, Gonzalo no le sostuvo la mirada. Se dio la vuelta cerrando los puños con fuerza.
Los abrió con evidente esfuerzo y luego dijo:
—No puedo.
Al día siguiente, ______ se dejó caer en una silla de hierro forjado en la terraza de un pequeño café, junto a una pintoresca cadena de tiendas exclusivas. La tarde de febrero caía lánguidamente y era sorprendentemente bochornosa. Luchando contra el cansancio tras haberse pasado casi toda la noche en vela, le echó una mirada al reloj de su muñeca. Las tres en punto. Había calculado bien el tiempo. El Amo J debía de estar a punto de llegar.
Se le contrajo el estómago al pensar en ello.
Sin embargo, ésa no era la única razón. Podía sentir las miradas sobre ella, observándola, evaluándola y espiándola. Tenía erizados los pelos de la nuca. Miró a su alrededor y escudriñó a la multitud. Nada.
______ respiró hondo, intentando reprimir su inquietud. No era difícil imaginar que si un psicópata era capaz de seguirla desde Barcelona a Lleida, no iba a costarle nada seguirle la pista hasta Madrid. Lo más probable era que estuviera a salvo allí sentada en esa soleada plaza, pero si la reconocía, su acosador la vería con el Amo J, lo que suponía le sentaría todavía peor que verla con Gonzalo.Y cuando se hiciera de noche, y estuviera sola en la casa de su hermanastro...
No, no podía pensar en eso ahora. Tenía que recordarse que estaba allí por un asunto de trabajo, y que si su acosador la reconocía o estaba observando ese encuentro, no vería nada sexual entre el Amo J y ella.
Se ajustó la bufanda y el sombrero para asegurarse de que le cubrían el pelo, y se colocó las gafas de sol. Tal vez estaba siendo paranoica. Nadie la iba a reconocer así vestida. Ojalá después de esa entrevista pudiera meterse en la cama de un albergue tranquilo y dormir hasta que se le ocurriera alguna forma de quitarse de encima a ese acosador.
Un camarero le dirigió una amplia sonrisa; sus dientes blancos con¬rastaban contra la piel oscura. ______ se esforzó en devolverle la sonrisa mientras pedía un té helado.
En cuanto se fue, tiró del largo abrigo que había tomado prestado del armario de Gonzalo recolocándolo bajo las caderas y levantando las solapas, El camarero apareció con el té. Volvió a examinar el reloj de pulsera. Las tres y cinco. Le daría a Amo J, unos minutos más. Allí sentada se sentía vulnerable ante el psicópata que la estaba siguiendo... De repente, comprendió que había sido una imprudente.
—Tú debes de ser ______.
El profundo susurro llegó desde sus espaldas, casi encima de su oreja. Un cálido aliento rozó el lateral de su cuello, y ______ se estremeció involuntariamente.
______ se giró, aturdida por el hecho de que alguien se hubiera podido acercar a ella con tanto sigilo a pesar de lo nerviosa que estaba. Pero él se había acercado en completo silencio.
Y era impresionantemente guapo.
El pelo, espeso y oscuro, caía sobre una frente amplia. La mandíbula era angulosa, y la barbilla estaba cubierta por una sombra de barba que proclamaba su masculinidad con la misma sutileza que un estampido de una bomba. La boca ancha se curvaba con una expresión que parecía mitad sonrisa, mitad desafío. Y, oh, esos ojos. La atrapaban. Acentuados por unas cejas negras, esos ojos perspicaces la observaban como si pudieran ver en su interior. Como si él conociera todos sus secretos.
Bajar la mirada por su cuerpo no ayudó a calmar los latidos de su corazón. El Amo J medía más de uno ochenta y cinco, poseía unos hombros anchos y un cuerpo lleno de músculos duros que se hacían evidentes bajo una camiseta negra y ceñida que la hizo pensar en una sólida e inquebrantable montaña. Nadie podía mover una montaña. Nadie podría mover tampoco a ese hombre, a menos, claro está, que él quisiera ser movido.
Con sólo mirarle fijamente, ______ se sintió atraída por él e invadida por la lujuria.
Era una suerte que su encuentro se limitara a esa reunión en público. De cualquier otra manera, ______ creía que no hubiera sido responsable de su comportamiento.
Tragó saliva para recuperar el habla.
—Sí, soy ______.
Cuando le ofreció la mano, él no se la estrechó. Demasiado sencillo. Atrapándola con la mirada, se inclinó y se llevó la mano de ______ a la boca, depositándole un beso sobre los dedos.
«Oh, Dios Santo...»
Una ardiente sensación le recorrió el brazo a toda velocidad, y los latidos de su corazón adoptaron un ritmo candente. Él se recreó, dejando que su cálido aliento le acariciara el dorso de la mano, mientras sus dedos jugueteaban con el centro de la sensible palma. Estremecimientos ardientes le atravesaron la piel y le subieron por el brazo.
El efecto que el Amo J tenía sobre ______ no terminaba ahí. De hecho, el impacto de su presencia, de su contacto, la afectaba tan profundamente que un latido comenzó a pulsar suavemente entre sus piernas. Como si su clítoris necesitase anunciar a su libido que quería desnudarse para ese hombre.
«¡Es sólo trabajo!», se dijo a sí misma.
Con un discreto tirón, ______ liberó la mano. El Amo J sonreía cuando se sentó a su lado —en vez de enfrente—, y acercó la silla unos centímetros más. Ella intentó ignorar lo consciente que era de él cuando el muslo masculino rozó el suyo, provocándole un hormigueo.
—Gracias por reunirse aquí conmigo, señor... ¿Cómo te gustaría que te llamara?
Esa amplia sonrisa pareció burlarse de su incertidumbre y proclamar un perverso conocimiento de su próximo debate sexual.
—Por ahora, será suficiente con que me llames señor.
—Vale. Sí, señor.
En el momento que las palabras salieron de su boca, ______ se dio cuenta de lo sexuales que habían sonado. De lo sexuales que él había pretendido que sonaran. No sólo eran respetuosas, aunque lo eran. Pero con respecto al Amo J, ella no podía conseguir que su voz fuera algo más que un ronco murmullo.
¿Cómo sería llamarle señor en privado?
A pesar de que las gafas de sol la protegían, esos ojos oscuros parecían conocer cada uno de los pensamientos de ______, cada pecaminosa sensación, y la mantenían inmóvil mientras la miraba como si pudiera leer el deseo en su cara.
______ utilizó el té intacto como excusa para apartar la mirada de él y se obligó a concentrarse en un tema seguro y neutral.
Algo difícil de conseguir cuando lo había invitado para hablar de sexo.
—He leído en el dossier que recibí sobre ti, que te dedicas a la seguridad personal. ¿Eres guardaespaldas?
—Exacto. —Encogió esos hombros tan deliciosamente macizos—. Protejo a unos cuantos políticos y a sus familias, a diplomáticos y a algún que otro deportista.
—Estoy segura de que conoces a mucha gente interesante. ¿Trabajas con celebridades? —le preguntó.
Un atisbo de humor curvó la ancha boca en algo parecido a una sonrisa.
—Demasiado para mí. Los políticos son mentirosos, pero por lo menos sabes qué esperar de ellos. Pero los de Antena 3 son paranoicos y egocéntricos, y creen que cualquier persona es un psicópata en potencia. No gracias.
______ no podía decidir si estaba molesta o divertida.
—No soy nada de eso.
—Date tiempo —él le guiñó un ojo.
Incorregible era una palabra que le describiría a la perfección. Un asomo de arrogancia unido a una sana dosis de atracción sexual y humor juguetón. La mezcla resultaba demoledora, gracias a sus habilidades en el flirteo y al encanto sureño. Sin duda, él tenía un efecto mortal en el sentido común de cualquier mujer. ______ tragó.
El camarero se acercó a la mesa, y el Amo J pidió una taza de espeso café de achicoria típico de Lousiana. Ella se estremeció cuando el camarero lo llevó unos momentos más tarde.
—Cuéntame más cosas sobre tu programa. —Las palabras deberían haber sido una invitación, pero ______ oyó la sutil orden en su voz. No era ni dura ni directa. Pero la voz tenía un tono acerado..., un tono que le contrajo el estómago... y le tensó el vientre.
—Provócame combina entrevistas y hechos que exploran varias facetas de la vida sexual en parejas estables o no. La última temporada hice un programa sobre la etiqueta sexual en una primera cita, otro sobre «amigos con derecho a roce», luego continué con algunos matrimonios que se hacían tatuajes a juego. Ésta será la segunda temporada y estoy muy contenta de que el programa vuelva a estar en pantalla. Dado que la cadena emite programas orientados a mujeres y parejas, creo que éste será perfecto.
—Hum. Cuéntame qué tienes pensado para esta temporada.
De nuevo, ahí estaba esa orden sutil.
—Bueno, aún no tenemos una idea fija, pero ya hemos aprobado los siguientes temas: masajes, fotografías para parejas, pintura erótica, y...
—Dominación y Sumisión.
______ tragó. Estaba tan entusiasmada con el programa, que casi se había olvidado de que iban a hablar de ese tema. El tema que estimulaba sus más vergonzosas fantasías nocturnas.
—Sí.
Él arqueó una ceja oscura con impaciencia, consiguiendo parecer severo, disgustado y poco amenazador al mismo tiempo.
______ se sintió desconcertada y lo miró fijamente. ¿Qué quería?
—Sí, señor —aventuró.
La sonrisa con que la recompensó fue deslumbrante.
—Muy bien.
—Pensé que este tipo de tratamientos eran únicamente para los...
—¿Sumisos? Así es habitualmente, pero contactaste conmigo para una lección rápida. Pensé que ésta sería la mejor forma de empezar, un ejemplo práctico para ver cómo lo haces. —Él se inclinó hacia delante y apoyó un codo en la mesa. Su mirada siguió clavada en la de ella, derritiéndola de manera implacable—. ¿Entiendes lo que significa someterse a un hombre? ¿Rendirse por completo?
______ contuvo el aliento, aturdida por algo que se escapaba a su control. Los ojos del Amo J brillaron con aprobación.
—Esto... no es sobre mí —repuso ella con voz jadeante—. Sólo necesito captar el concepto para transmitirlo...
—¿Cómo vas a poder transmitirlo sin mantener una relación de ese tipo, cher? Probar no es malo. —La sonrisa de él transmitía algo que sólo podía ser definido como pecado puro y duro—. Incluso te podría gustar.
Eso era exactamente lo que ______ se temía.
Se esforzó por mantener una expresión profesional.
—No importa si lo pruebo o no. Después de todo, cuando hicimos el programa sobre las parejas que se tatuaban, no me hice un tatuaje. Lo que me interesó fue comprender por qué era tan importante para ellos.
—Pagar a alguien para que te haga un tatuaje mientras tu pareja mira es mucho menos personal que dejar que te venden los ojos desnuda, y otorgar el control de tu placer a tu Amo.
Tragando saliva, ______ se dio cuenta de que él tenía razón. Peor aún, el bocado que le presentaba comenzaba a parecer un banquete para su abandonada sexualidad.
No. Aunque esta vez era Adán quien le ofrecía a Eva la manzana de la tentación, ella era lo suficientemente lista como para no aceptarla. Si le interesaba, era sólo porque le estaba embotando la cabeza con esas sugerencias. Él era difícil de ignorar. Ella no era una depravada, no era el tipo de mujer que permitiría que un matón la encadenara y le dijera lo que tenía que hacer. Lo que pasaba era que la idea era nueva y ______ tenía un interés puramente intelectual en el concepto. Bueno, más que intelectual. Pero eso no significaba que fuera a acceder.
A pesar de que el Amo J parecía ser el hombre que había inventado el concepto de placer.
—¿Qué es lo que te da miedo? —preguntó él.
«Yo misma».
Ella apartó la vista de esa intensa mirada.
—Simplemente, no es lo mío.
Él frunció el ceño de nuevo. Su mirada mostraba una impaciente demanda.
—Señor —añadió ______ casi en contra de su voluntad.
Él suavizó la expresión.
—En los pocos minutos que llevo aquí sentado, te has sonrojado, se te ha acelerado el pulso, y se te han puesto duros los pezones. Conozco el aroma del deseo. Puedo oler el tuyo. Voy a volver a preguntártelo. ¿Qué es lo que te da miedo?
Sintió un impacto en el vientre. Oh, Dios... era como un libro abierto para él. Incluso más que eso. ______ cerró los ojos, soltó un suspiro. Luego otro. Su mente trabajaba a toda velocidad.
—No te lo pienses demasiado —le advirtió—. Mentir implica un castigo.
—¿Un castigo? ¡No tienes derecho! —contestó en un acalorado susurro.
Él la miró fijamente durante un largo momento.
—Te dije ayer en el chat que una relación de este tipo requiere mucha confianza. Confié en que eras quien decías ser. Para que confiaras en mí, permití que tu ayudante de producción consiguiera una información muy personal sobre mí, ¿no? No pongas esa cara de asombro. Lo descubrí en cuanto comenzó a indagar sobre mí. Si no hubiera dejado dicho en todos esos clubes que podían dar esa información, nadie le habría dado a Tino ni los buenos días, así que mucho menos le hubieran contado detalles sobre mi vida sexual.
Él se movió en su asiento, rozando el muslo contra el de ella otra vez, luego le alzó la barbilla con un dedo. ______ se derritió con una mezcla de sorpresa y deseo, excitada ante el abrumador atractivo sexual del Amo J.
—Es cierto —susurró él—. Aposté por ti. Si trabajamos juntos, tienes que confiar en mí. No voy a raptarte, ni a forzarte a hacer ninguna cosa melodramática que se te esté pasando por la cabeza. Si quieres que te ayude a comprender la psicología de la Dominación y Sumisión, tienes que tener la suficiente confianza para ser totalmente sincera conmigo. Y contigo misma. ¿Me comprendes?
—Sí... sí, señor.
—Excelente. Ahora, por última vez, ¿por qué te asusta tanto la idea de someterte?
Era una pregunta cargada de implicaciones que ella no sabía cómo contestar. Era miedo al rechazo. A que la ridiculizaran de nuevo. Era vergüenza. Miedo al dolor y a la degradación. Le asustaba que le gustara ser dominada por alguien como él, y luego tener que asumir la vergüenza y la culpa.
Pero no podía admitir eso... ninguna de esas cosas. Sería como ofrecerle su alma en una bandeja de plata.
—Por favor —susurró ______—. Por favor...
El Amo J apretó la mandíbula y entrecerró los ojos. Por alguna alocada razón, ______ odió decepcionarle. No le debía nada, maldita sea. El era su entrevistado y sería recompensado por su tiempo e información. Punto.
Como estaba concentrada en resistir hasta que el infierno se congelara, ______ tardó unos momentos en darse cuenta de que el camarero había vuelto a rellenar el café del Amo J. Luego el joven la miró con una sonrisa incierta.
—Un hombre me ha pagado veinte dólares para que le diera esto.
Le entregó un sobre aparentemente normal... con su nombre escrito con una caligrafía demasiado familiar.
El camarero se marchó.
El corazón comenzó a palpitarle. Abrió el sobre lo más rápido que pudo para encontrar el consabido puñado de pétalos rosas con los centros suaves y los bordes mustios. Le resbalaron de los dedos, y se quedó sin aliento, sintiendo que la sangre le huía de la cara.
—No... —Miró a su alrededor con una expresión de pánico—. ¡No!
—¿______? —la interrogó el Amo J con la voz ronca de preocupación.
Ella lo miró con una mirada salvaje.
—Está aquí. Me ha seguido. Oh, Dios mío... tengo que irme. —Aspiró con temor y apretó los puños para impedir que le temblaran las manos—. Tengo que irme ya.
El Amo J la sujetó por los hombros.
—¿Quién está aquí y dónde tienes que ir?
Sacudiendo los hombros para librarse de él, miró a su alrededor con frenesí, intentando reconocer cualquier cara que le resultara familiar o peligrosa. La mayoría de las sillas de la plaza estaban vacías, así como las del resto de las terrazas y las ventanas cercanas. Los oscuros escaparates de las tiendas podían ocultar a cualquiera, pero todo el mundo a su alrededor parecía oriundo. Los demás ocupantes de la cafetería ni la miraban ni les importaba. De nuevo él se había acercado hasta ella, silencioso como el humo, invisible como el aire. El pánico la atravesó.
—No puedo quedarme. Lo siento...
Él la sujetó de nuevo, decidido a que le contestara. Pero se quedó paralizado, con la mirada clavada en un punto al otro lado de la calle.
______ sintió la energía que impulsaba al Amo J un segundo antes de que la empujase al suelo.
—¡Al suelo!
La empujó bajo la mesa y cubrió su cuerpo con el suyo un instante antes de que estallara un disparo por encima de sus cabezas.
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  GremyEme el Sáb Feb 06 2010, 04:39

Luego lo leo con calma.¡Muchas gracias!
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  pignoisera el Dom Feb 07 2010, 14:23

Capítulo 2


Daniel Mateo curvó protectoramente su cuerpo sobre la pequeña forma femenina de ______ y utilizó la mesita de hierro para protegerla cuando sonó otro disparo. A su alrededor los clientes de la cafetería comenzaron a gritar y a correr despavoridos. Maldijo entre dientes mientras ella se estremecía violentamente bajo él.
¡Maldita sea! Tenía la venganza al alcance de su mano, y pasaba eso. No podría tirarse a la mujer de su enemigo hasta hacerla gritar su nombre si ella moría.
La furia lo invadió, pero que alguien estuviera frustrando su venganza no era la única razón de su ira. No, estaba absolutamente furioso de que algún gili****** hubiera infundido tal pavor a esa pequeña pero vibrante mujer.
No iba a negar que había engañado a ______ para utilizarla, pero no pensaba hacerle daño. Todo lo contrario. Pensaba descubrir lo que la excitaba y así poder cumplir cada una de sus fantasías hasta que todo el cuerpo de ______ vibrara de satisfacción.
Hasta que a ella ya no le interesara Gonzalo Aragon y abandonara a ese hijo de perra.
Sin embargo, el estúpido que empuñaba el arma tenía otras intenciones, como meterle una bala en la cabeza.
______ se volvió a estremecer. Contuvo un grito. Dani la estrechó con más fuerza, apretándola contra la mesita de hierro. Salvarla era algo instintivo. El peligro era su trabajo. Una necesidad. Gonzalo Aragon le había traicionado tres años antes, y Dani pensaba devolverle la humillación. Pero no estaba dispuesto a permitir que ______ muriese.
—Voy a ponerte a salvo —le susurró al oído.
El instinto le conminaba a sacar la pistola y devolver los disparos. Pero había demasiada gente alrededor como para correr el riesgo. Y le daría a ______ un susto de muerte.
Y ella ya estaba muerta de miedo, maldita sea. ______ sonreía ante la cámara para ganarse la vida, no esquivaba balas.
Cuando el camarero había llevado el sobre a la mesa y había observado cómo el color abandonaba la cara de ______, dejándola pálida como la tiza cuando los mustios pétalos de color rosa habían caído de sus manos, él había olido su miedo. Al captar el destello del sol en el cañón de un arma en el tejado de enfrente, Dani no había dudado acerca de lo que iba a ocurrir.
Odiaba no haberse equivocado.
Mirando la silla que ______ había ocupado momentos antes, observó los agujeros que habían dejado las implacables balas. Maldijo de nuevo.
Bajo él, ______ intentó incorporarse. Dani la detuvo.
—¡No te levantes!
—Tengo que irme. Huir, t-tengo que esconderme.
Una rápida mirada al tejado de enfrente le indicó que el tirador había desaparecido. O eso o estaba buscando una ubicación mejor aprovechando el caos. Lo que los convertía en unos blancos fáciles, por lo que debía sacar a ______ de esa área descubierta lo más rápido posible.
—Tengo que ponerte a salvo —insistió Dani, ayudando a ______ a ponerse en pie—. ¿Estás herida?
Ella se caló de nuevo el sombrero y se aseguró la bufanda que le cubría el pelo.
—No.
—¡Entonces corramos!
Cogió su helada mano en la suya, cubriéndola por completo. Maldición, era una mujer diminuta, mucho más pequeña de lo que un po¬deroso nombre como ______ hacía suponer.
Corriendo tanto como se lo permitían las piernas, Dani arrastró a ______ tras de sí, parapetándose detrás de las mesas que estaban patas arriba al oír más disparos. La condujo hacia la parte de atrás de la cafetería, y la empujó para que doblara la esquina del edificio, urgiéndola sin palabras a continuar. Ella lo hizo, mientras se agarraba firmemente el sombrero con la otra mano. Dani miró con el ceño fruncido por encima del hombro de ______. No había manera de saber si el tirador seguía entre la multitud, pero debía suponer que sí. Más valía prevenir que curar.
—¿Adonde vamos?
Dani no contestó; estaba demasiado ocupado improvisando un plan. En silencio, la condujo por las calles, metiéndose en los callejones. Se oyeron más disparos. Una bala le silbó junto a la oreja, y soltó una maldición. Si ese hijo de perra le tocaba un solo pelo a ______, Dani iba a matarlo con sus propias manos.
Entraron en una tienda abarrotada, y casi chocaron contra una ancianita. Al echarse a un lado para que la ceñuda abuelita y su andador pudieran pasar, perdieron unos preciosos segundos.
Tan pronto como tuvieron vía libre, Dani volvió a tomar la pequeña mano de ______ y tiró con fuerza de ella, obligándola a correr de nuevo. Salieron por la parte trasera de la tienda a un callejón oscuro y estrecho. Gracias a Dios conocía aquel lugar como la palma de su mano.
Oyeron de nuevo una serie de disparos, esta vez desde la parte delantera de la tienda por la que habían salido.
¡Maldición!
—Tenemos que seguir, cher.
Jadeante y sudorosa, ella simplemente asintió con la cabeza y ajustó su paso al de él.
Al final del callejón, llegaron a una puerta metálica pintada de negro y con unas letras rojas donde se podía leer Las Sirenas Sexys. Incluso con la puerta cerrada, se sentía la vibración de la música y del gentío en su interior... a pesar de que sólo eran las tres y pico de la tarde.
Por experiencia, Dani sabía que la puerta estaría cerrada con llave.
Levantando un puño, golpeó la puerta con todas sus fuerzas, sin importarle hacer una abolladura. Mientras esperaba, miró por encima del hombro para ver si los seguían.
Sonó un nuevo disparo, haciendo saltar esquirlas de los ladrillos a unos veinte centímetros del hombro de ______.
Lanzando una rápida mirada al callejón, maldijo entre dientes. Estaba lleno de cubos de basura y de suciedad, demasiados lugares para que se escondiera el tirador.
—¡Hijo de perra! —Golpeó ruidosamente la deteriorada superficie metálica otra vez—. Que alguien abra esta maldita puerta.
Por fin, una rubia oxigenada, conocida de Dani, abrió la puerta.
—Dani ¿Qué diablos te pasa?
Él empujó a ______ al interior, y la siguió a un almacén atestado de latas vacías de cerveza.
—Hay un tirador acechándonos. Necesito tu ayuda.
Había un caballito de madera y una fusta justo al lado de la entrada. Al parecer, Cristina acababa de actuar.
Cerró la puerta de golpe y observó de nuevo el cuarto en penumbra iluminado por una única bombilla roja y decorado con pintura negra descascarillada. Una delgada puerta separaba ese área del escenario y de la retumbante música del club.
—¿Un tirador? Cielo Santo... ¿a quién has cabreado esta vez?
—Berta, ésta es ______ —gritó para hacerse oír por encima de la música—. Es presentadora de un programa en la televisión por cable...
—¡Eres ______ O'Malley! ¡Me encanta Provócame!
______, que se había quitado las gafas de sol, extendió la mano hacia Berta. Hum, ojos azules y enrojecidos, algunas pecas, piel blanca... no era el tipo de Gonzalo Supuso que habría cambiado de gustos.
Dani habló entre dientes.
—Entonces acierto al suponer que te encantará ayudarme a mantenerla con vida el tiempo suficiente para que pueda hacer más programas. El tirador iba a por ella. —Dani se volvió hacia ______—. ______, ésta es Berta Collado, la dueña de Las Sirenas Sexys. El más famoso, o infame, según se mire, club de caballeros del sur de Madrid
La pequeña mujer de Gonzalo le dirigió una débil sonrisa, intentando por todos los medios no clavar los ojos en el espeso maquillaje de Berta, ni en la falda indecente, ni en las botas de fulana. No había nada sutil en Berta. Aún se vestía como una stripper, aunque hacía años que no bailaba en público. Era capaz de succionar la polla de un hombre como si intentara tragarse el picaporte de una puerta. Tenía un vocabulario peor que el suyo. Pero también tenía un gran corazón.
Berta haría uso de esa lengua viperina que tenía para arrancarle la piel de las pelotas si supiera que ______ no era un cliente sino un medio para vengarse. Y si bien regentaba un local donde las mujeres se quitaban la ropa para excitar a los hombres, no permitía que nadie se pasara de la raya con las chicas que estaban bajo su techo. Dani planeaba pasarse de la raya en todos los sentidos.
—¿Por qué te disparaban? —Le preguntó Berta a ______ con el ceño fruncido.
—Esa es una buena pregunta —contestó Dani, lanzando a ______ una mirada implacable, una de esas miradas que esperaba que la persuadiera de decir la verdad. Aún no había tenido la oportunidad de establecer su autoridad. Ella no tenía motivos para confiar en él. Maldita sea, unas horas más, y habría conseguido llevársela a la cama, penetrar en su cuerpo, establecer su dominación. Había estado seguro de que ella iba a aceptar su ayuda con el programa. Tal y como estaban las cosas, ya no estaba seguro de nada.
No era así como había previsto la venganza.
—¿Daniel? —Ella pronunció su nombre con inseguridad, con una voz temblorosa.
No le gustaba nada oír el miedo y la cautela en su voz. Prefería un «señor» avergonzado de esa boca provocativa mientras se esforzaba en aparentar indiferencia.
Pero ya llegarían a eso, en cuanto hubiera solucionado toda esa mierda
—______, ¿me vas a decir qué está pasando, cher?
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  Nane el Lun Feb 08 2010, 14:49

thanks Razz
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  pignoisera el Mar Feb 09 2010, 14:36

Capitulo 3

—______, ¿me vas a decir qué está pasando, cher?
Su piel todavía estaba pálida, especialmente por el contraste con el abrigo oscuro y el sombrero, demasiado grandes para su pequeño cuerpo. Estaba muerta de miedo, pero aún así logró asentir con la ca¬beza. Dani soltó un suspiro de alivio.
—Hace aproximadamente tres meses, alguien comenzó a enviarme cartas con fotos mías en diferentes lugares, la mayoría de las veces en lugares públicos. Resultaba extraño, pero no amenazador. Hace unas cinco semanas, comenzó a mandarme fotos del interior de mi casa, tomadas a través de las ventanas. Incluso envió una que tomó desde el garaje mientras yo salía con el coche. Te aseguro que está enfadado. No sé por qué. Me vine a MAdrid para estar con un amigo y huir de él. —Suspiró profundamente y continuó—: Me siguió. No lo supe hasta ayer cuando recibí esto.
______ se abrió la cremallera del abrigo lo justo para sacar un sobre doblado de un enorme bolso que llevaba cruzado sobre el pecho. Se lo pasó a Dani con una mano temblorosa.
Con la tensión anudándole las entrañas, Dani lo abrió. Las fotos cayeron en sus manos. ______ en un aeropuerto, vestida con unos vaqueros de talle bajo, una camiseta enorme y el pelo oculto bajo una gorra de béisbol. Sólo reconoció su perfil, la terca barbilla, las pecas que le salpicaban la nariz y que le hacían preguntarse hasta dónde se extenderían. Le hacían sentir el alocado impulso de jugar a unirlas entre sí.
En la siguiente aparecía ella leyendo una revista sentada en el patio. La cara quedaba oculta por la revista. El sólo veía sus manos, la portada de People y las delicadas pecas que le salpicaban los brazos... y el nacimiento de los pechos, casi visibles bajo la delgada tela de un top blanco, con unos pezones del color de las cerezas maduras que le hacían la boca agua.
Desde el mismo momento en que había oído los rumores de que era la novia de su antiguo camarada Gonzalo, se había sentido intrigado. Hablar con ella en el chat sólo había incrementado ese interés. La ______ de esas fotos, la ______ de carne y hueso, hinchaba su miembro. No podía esperar a tenerla atada en su cama rogándole que le permitiera correrse... cumpliendo así su venganza.
Pero había algo en ella. Algo que le resultaba sumamente familiar. Se sentía como si la conociera, como si la hubiera visto antes y no sólo en las fotos que había en la web de su programa. ¿Se habían encon¬trado en alguna ocasión? No, habría recordado a una mujer como ______. Había algo en ella... Ya lo averiguaría.
Consumido por una creciente lujuria, Dani cogió la última foto y se quedó paralizado. El siempre elegante Gonzalo Aragon con un traje de diseño le daba la espalda a la cámara mientras se inclinaba para besar a ______. Dani podía ver sólo la mitad de las piernas femeninas des¬nudas bajo la seda verde y el encaje negro, y los brazos levemente pe¬cosos con que le rodeaba el cuello a Gonzalo. La imagen le contrajo el vientre.
Y la nota garabateada, con ese tono amenazador y posesivo no hizo nada para que se relajara.
La última foto, la de ______ en plan esposa despidiéndose de su marido antes de que él se marchara a la oficina, también confirmaba que ______ O'Malley era la mujer de Gonzalo Aragon. Ella sería el pago que le cobraría a su viejo amigo por clavarle un puñal en la espalda. Tenía que mantener a ______ con vida y no delatarse al hacerlo.
—¿Este acosador te ha seguido desde Bcn? —le preguntó.
—Sí. —La voz todavía le temblaba.
Dani suspiró.
—Obsesionado y enfermo. No es una buena combinación. Está claro que es listo si puede sacarte estas fotos sin que tú te enteres. Y sabe manejar las armas. No creo que puedas salir de aquí ilesa, ______. Necesitas ayuda. Y yo te puedo ayudar.
Ella vaciló, luego habló con una voz sorprendentemente ronca.
—Me has salvado de esas balas que probablemente me habrían matado. No puedo pedirte que te arriesgues...
—No me lo has pedido, yo me he ofrecido. —Estaba claro que ese hijo de perra conocía la casa de Brandon, y ______ no parecía la clase de chica que supiera empuñar un arma ni parecía dominar técnicas de defensa personal. Era misión suya mantenerla con vida—. ______, yo soy guardaespaldas. No me quedaré quieto viendo cómo te matan cuando te puedo sacar de aquí de una pieza.
—¿Cuánto?
Jesús, alguien le había disparado y ¿aún quería hablar de dinero?
—Por cuenta de la casa.
La sorpresa la dejó boquiabierta.
—¿Por qué?
Él se encogió de hombros con despreocupación.
—Si te mata, tendré mis quince minutos de gloria.
Ella levantó esos enrojecidos ojos azules hacia él y le dirigió una mirada cínica.
—En serio. Está claro que no te interesa la fama.
Así que ella sospechaba que le interesaba otra cosa. Pero Dani todavía quería que ella lo mirara con esos inocentes ojos azules mientras le insuflaba un poco de lógica. Podía estar loca y negar que necesitaba ayuda. Pero también entendería por qué lo hacía.
Él era un perfecto extraño... y no era lo único que la hacía vacilar. Apostaría todo su dinero en ello. Por lo poco que habían hablado antes de que apareciera el francotirador, se había dado cuenta de que ______ sentía interés por él. Y de que sentía curiosidad por sus inclinaciones sexuales. Más curiosidad de la que mostraría alguien que sólo estuviera investigando para un programa de televisión. El reticente deseo de ______ lo excitaba como no lo había hecho nada en mucho tiempo.
—Eso no cambia el hecho de que me necesitas. El tirador sabe que ahora estás en el edificio. Así que no puedes salir. Yo puedo sacarte de aquí.
______ apretó los dientes. Dani observó cómo luchaba para no negarse. No lo hizo, lo que probaba una vez más lo lista que era.
—¿Cómo?
—Te vestirás como Berta. Ella te proporcionará la ropa adecuada.
—Y también necesitará maquillarse —señaló Berta —. Yo no tengo pecas, Dani
Una rápida mirada a ______ demostró que no llevaba ni rastro de cosméticos en su pálida cara.
—Sí, por supuesto. Hazlo.
—No. Esto no funcionará —protestó ______.
—¿Tienes una idea mejor, una que no termine contigo dentro de una caja de pino?
Mientras esperaba que ella admitiera la verdad, que no podía permitirse el lujo de rechazar su ayuda, Dani observó a ______. De cerca, podía ver sus armónicos rasgos, la boca plena, un cutis de porcelana que estaba demasiado blanco por el miedo. Las cejas arqueadas tenían un color imperceptible bajo esa luz. Bajo ese cutis tan blanco, la bufanda, el sombrero y el enorme abrigo, sospechaba que sería hermosa. El hijo del presidente Aragon no se conformaría con menos.
______ suspiró.
—No se me ocurre nada.
—Eso es lo que yo decía. Berta, llévala arriba y ponle algo ligero. ¿Tienes alguna peluca?
—Sí. —La rubia oxigenada asintió con la cabeza.
______ lo miró enfadada.
—Esto no va a funcionar.
—¿Por qué?
—Berta y yo no usamos la misma talla.
Dani las observó a las dos.
—Ella es más alta. Pero puedes ponerte unas botas de tacón de aguja para parecer más alta. ¿Qué número usas?
Ella pareció sorprendida ante la pregunta.
—Un treinta y siete.
Dani le dirigió a Berta una mirada inquisitiva.
—Ni lo sueñes —dijo la stripper—. Yo uso un treinta y nueve.
—Ya lo arreglaremos —dijo Dani—. Podemos rellenar la punta de las botas con papel higiénico o algo por estilo. Será poco tiempo.
—Ése no es el mayor problema. —______ centró la mirada en los atributos quirúrgicamente realzados de Berta que en ese momento pugnaban por no desbordar la parte superior de su bikini.
Dani volvió a pasear la mirada por la pequeña figura de ______. No podía ver lo que había debajo del abrigo, pero por las fotos que había visto sabía que debían de ser cien por cien naturales, no como el par de la copa E de Berta
—Berta tiene habilidad para elegir la ropa que haría que cualquier mujer pudiera aparecer en el póster central de una revista masculina.
—¿Y luego qué? —______ se movió con nerviosismo, dirigiendo la mirada a la puerta con rapidez, como si esperara que su indeseado admirador pudiera atravesarla en cualquier momento.
—Tenemos que despistar a ese bastardo y llevarte a un lugar seguro.
—¿Y después?
—Nos ocuparemos de eso una vez que hayamos salido de aquí, ¿vale? Buscaré un lugar donde no pueda encontrarte hasta que podamos dar con una solución para todo esto.
______ se mordió un labio y le dirigió una mirada ansiosa y caute¬losa. Quería aceptar, pero no confiaba por completo en él. Dani podía verlo en su cara. ______ vaciló, pero lo miró de frente como si lo estuviera evaluando. Dani se preguntó si sabría algo de su pasado. ¿Le habría hablado Gonzalo de él?
—Puede que ese hijo de perra se haya estado saliendo con la suya hasta ahora, pero aún no se había topado con alguien como yo. ______, no voy a dejar que se acerque ni a cinco metros de ti.
Ella vaciló un poco más, luego asintió temblorosamente con la cabeza.
—Tú eres el profesional. Nos ocuparemos de lo demás más tarde, cuando salgamos de aquí.
Más tarde ella estaría desnuda, esposada y abierta, preparada para recibir todo el placer que estaba impaciente por darle. Reprimiendo una sonrisa, le miró fijamente el hinchado labio inferior. Había algo en ella, incluso con esa horrible ropa, que despertaba su interés. ¿O quizá era la certeza de que pertenecía a Gonzalo?
No, era algo más. Bajo ese feo sombrero, la bufanda y el abrigo, estaba seguro de que se ocultaba una hermosa mujer, dulce e inocente, pero también sexy, provocativa y ardiente. Corromperla sería un placer. Se sintió todavía más excitado.
¿Quién iba a pensar que la venganza sería tan dulce... en todos los aspectos?
Rodeada por la música que resonaba tan fuerte como para hacer temblar las paredes, ______ siguió a Berta por las estrechas escaleras del club. Al parecer la rubia era la propietaria de Las Sirenas Sexys. ______ no podía imaginarse cómo alguien podría confundirla con una stripper, no importaba cuánto la maquillaran. Bertaa poseía una arraigada sexualidad que cualquier mujer desearía para sí... y que muy pocas poseían.
Aun así, ______ sabía que tenía que intentarlo, representar ese papel lo mejor que supiera hasta que pudiera salir de Lafayette y escapar del psicópata que la acechaba. La otra alternativa era la muerte.
Le gustara o no el Amo J, que al parecer se llamaba Daniel y era un extraño, era su única esperanza de salvación.
Más con miradas que con palabras, Dani había dejado bien claro que no era un santo. Incluso ahora, ella podía sentir el calor de su mirada en la espalda. Contra su voluntad, lo miró por encima del hombro. Dani la miraba fijamente, con esos ojos casi negros, observándola subir las escaleras. Una sonrisa especulativa transformaba los cincelados rasgos de su cara.
No sabía nada de ese hombre, salvo que tenía ese tipo de belleza masculina que hacía que una mujer lo mirara dos veces y babeara después. Ah, y que por supuesto le gustaba mandar en la cama. Era difícil olvidarlo. Pero su sonrisa la ponía nerviosa. ¿Por qué parecía tan feliz alguien que acababa de escapar de un tiroteo?
Finalmente, Berta y ella llegaron arriba. La rubia la condujo hacia la puerta del final del pasillo, a una pequeña, pero sorprendentemente lujosa, suite.
La rubia cerró la puerta tras ellas, dejando afuera el fuerte ruido de la música. El suelo todavía vibraba bajo sus pies. El ritmo sexy resonaba a su alrededor, crudo y sugerente.
______ observó la habitación. En el centro, había una enorme cama sin hacer, y una lámpara de pie lanzaba una luz dorada sobre las blancas sábanas. La madera del suelo brillaba bajo sus pies. Las paredes, de un suave color crema, acentuaban las cortinas blancas que colgaban de una enorme ventana. Cuatro fotos con paisajes en blanco y negro colgaban sobre la cabecera de la cama.
—¿Esperabas un dormitorio de color rojo con una barra de stripper en el medio? —le preguntó Bertaarqueando una ceja.
______ se sintió avergonzada. Se lo había preguntado.
—No sabía qué esperar. Esto es precioso.
Los rasgos de Berta se suavizaron.
—Es tranquilo. Venga, vamos a quitarte esas feas ropas.
Antes de que ______ pudiera pedir un poco de intimidad o una bata, Berta le estaba desabrochando el abrigo y sacándoselo por los hombros.
Lo lanzó sobre la cama. Como una madre que estuviera desvistiendo a su hijo pequeño, Berta agarró el bolso y la camiseta de flores. Antes de poder emitir una protesta, la stripper se los había sacado por la cabeza y lanzado al suelo.
—Si me indicas dónde está el baño, podría desvestirme...
Berta la ignoró y apretó el cierre delantero del sujetador blanco de encaje. Un leve tirón y fuera. ______ se quedó desnuda de la cintura para arriba ante una completa extraña.
Berta estudió los pechos de ______, sopesando uno de ellos en su mano.
—Tenemos material para trabajar.
______ se enderezó, resistiendo el impulso de correr y esconderse como cuando estaba en el vestuario de la escuela en séptimo grado.
—¿Qué haces?
—No tienes nada que no haya visto ya, cariño. Una noventa C. —Le echó otra mirada al resto del cuerpo y Berta añadió—. Usas la talla treinta y ocho, ¿no?
—¿Cómo lo has sabido?
Ella sonrió.
—Es mi trabajo. Termina de desnudarte y prepárate.
Berta desapareció por la puerta, cerrándola con suavidad. ______ la siguió con la mirada. ¿Qué se terminara de desnudar? Como si fuera tan fácil. Como si se desnudara todos los días delante de otras personas.
Jamás lo había hecho. Bueno, lo más probable era que Berta sí lo hiciera, así que no la cogería desprevenida. Y ______ se dio cuenta de que si quería salir de allí sin una bala en la cabeza, sería mejor que su¬perara con rapidez su recato.
Con un suspiro se quitó los vaqueros y las bragas blancas de algodón, doblándolos pulcramente y colocándolos en el borde de la cama. Miró a su alrededor buscando una bata o una manta. Una toalla... cualquier cosa que sirviera para cubrirse. Nada. ______ no estaba acostumbrada a pasearse desnuda. Aunque estaba claro que a Berta eso no le molestaba.
La rubia regresó con un sujetador negro de raso y un tanga a juego. Con los dientes arrancó las etiquetas, deslizó un par de rellenos de gel en el sujetador y se lo pasó a ______.
Antes de que ______ pudiera pedirle que la dejara sola, Berta desapareció de nuevo, esta vez en el cuarto de baño contiguo a la suite. Agradeciendo el respiro temporal de no sentir la mirada de la mujer, ______ se puso el tanga con dificultad. No era cómodo... ¿a quién le gustaba llevar una cuerda en el culo?, pero quedaba muy bien.
Berta salió del cuarto de baño llevando algunas ropas muy pequeñas y unas brillantes botas de tacón alto. La rubia se detuvo en el umbral, esperando. ______ la ignoró. En lugar de mirarla, observó con el ceño fruncido los rellenos de gel del sujetador. ¿Era eso la versión moderna del sujetador relleno con algodón?
Cuando ______ hizo una mueca, Berta se rió.
—Haz lo que quieras. Es la manera más rápida de conseguir un buen par de tetas. Con la ropa puesta, nadie nota la diferencia.
Soltando el aire que contenía, ______ se dio cuenta de que era cierto. No iba a disculparse por no tener una copa D.
______ comenzó a ponerse el sujetador totalmente consciente de que Berta observaba cada movimiento. Resultaba muy incómodo. Mataría por tener la misma naturalidad que Berta con la desnudez, pero no la habían educado de esa manera. Había cumplido los veintiuno cuando reunió el valor de masturbarse. Después de todo, su madre la había enviado a una exclusiva escuela para chicas y había sabido poco de sexo antes de cumplir los dieciocho. Hasta que fue a la universidad, ______ no había conocido la diferencia entre cutículas y clítoris.
Apartando esos pensamientos, ______ se abrochó el sujetador y metió los pechos en las copas. El sujetador era muy escotado y con unos tirantes muy estrechos. La tela de encaje negro apenas le cubría los pezones. Los rellenos de gel le elevaban los montículos de los senos y los exhibían con descaro. Incluso tenía escote.
Berta soltó un silbido y le dirigió una mirada descarada.
—Voy a darte un consejo: no le enseñes las tetas a Dani a menos que quieras volverlo loco de lujuria.
La rubia se dio la vuelta y se dirigió de nuevo al cuarto de baño. ______ clavó los ojos en la espalda delgada de la mujer y en los sedosos mechones que le caían sobre los hombros.
Berta era más atractiva que cualquier chica de póster. Aunque aparentaba más de treinta años, tenía una pinta estupenda. ______ sabía con seguridad, basándose en la exhaustiva investigación de Tino, que Dani no era gay. Teniendo en cuenta todo eso, era lógico pensar que Berta y él estuvieran enrollados. Pero por el consejo que le había dado la mujer, suponía que no le importaría que ella sedujera a Dani
Por Dios, había abandonado Barcelona, donde siempre había pensado que la vida era demasiado surrealista, y había aterrizado en el país cajún, un lugar que empezaba a parecerle la versión sureña de Oz.
—No pienso enseñarle a Daniel mis pechos —dijo ajustándose el sujetador, deseando que la cubriera un poco más.
—Puede que no, pero te apuesto lo que quieras a que los verá.
______ frunció el ceño.
—¿En qué te basas? Estaba entrevistando a Daniel para mi programa. Y después, cuando comenzó el tiroteo, él se ofreció para protegerme...
—Y lo hará. Es el mejor. Pero Daniel Mateo es un hombre de pechos, y tú tienes un buen par.
Lo dijo como si estuviera hablando de algo tan cotidiano como el tiempo.
Berta se volvió y cogió un maletín de maquillaje del tocador. Dejando el maletín a un lado, estudió la cara de ______ con algo de im¬paciencia.
—¿Y eso no te molesta? —______ no pudo contener las palabras.
Desvió la mirada a la cama tan deshecha, que parecía haber sido utilizada para algo más que para dormir. ______ se preguntó si Daniel había estado allí antes de conocerla... y por qué pensar en eso la molestaba.
—¿Qué Dani se acostara contigo? —Se encogió de hombros—. No es mío.
______ frunció el ceño. Todo eso era demasiado extraño.
—No va a ocurrir nada de eso. No tengo intención de enrollarme con Daniel
—El camino del infierno está lleno de buenas intenciones —le contestó Berta con una risa gutural.
Antes de que ______ pudiera deshacerse de la confusión que sentía y replicar, la rubia cambió de tema.
—Tenemos que maquillarte.
Alyssa levantó una delgada mano y le quitó a ______ el sombrero y la bufanda.
Un momento después, comenzó un frenesí cosmético. Cubrió el rostro de ______ con un maquillaje base. Continuó con el corrector; ______ esperaba que éste cubriera lo peor del daño causado por la falta de sueño. Después vino el colorete, seguido por el lápiz de labios rojo sirena que aplicó con pincel y el perfilador negro para los ojos. Luego aplicó con rapidez una sombra de ojos sobre los párpados cerrados y utilizó un rímel negro para las pestañas. Lápiz de cejas y rímel castaño ocultaron el hecho de que sus cejas no eran del mismo color claro de la otra mujer.
Cuando Berta se apartó y la condujo ante el espejo del cuarto de baño, ______ sólo reconoció sus ojos azules y el óvalo de su cara.
—Estás genial. De todas maneras, ahí fuera todos estarán demasiado borrachos para saber si eres tú o yo. Aunque por si acaso, la ropa que he escogido para ti garantizará que las miradas masculinas no suban de tus tetas.
______ quiso protestar. Tenía las palabras en la punta de la lengua, pero las contuvo. Si disfrazarse de stripper la mantenía con vida, bueno... sobreponerse a la vergüenza sería mucho más fácil que tener una bala entre las cejas.
—Haz lo que haga falta —suspiró ______.
—Vamos a recoger tu pelo para ponerte la peluca.
—Puedo hacerlo yo. —______ se llevó los dedos a la cabeza y se la frotó.
—Las pelucas son un engorro. Lamento que tengas que ponerte una, pero para hacerte pasar por mí, tienes que ser rubia.
______ se encogió de hombros. La incomodidad era poco sacrificio a cambio de permanecer viva.
—Y tenemos que asegurarla bien. Dani va a querer pasar revista antes de que salgas. No te dejará poner un pie fuera hasta que esté convencido de que puedes pasar la prueba. Se toma muy en serio la tarea de proteger a sus clientes.
La idea de que Daniel le pasara revista le provocó un vuelco en el estómago. Daniel era muy atractivo, y que fuera un dominador sólo hacía que ______ se sintiera más intrigada, a pesar de sus reticencias y miedos.
Asegurando la peluca rubia en su lugar, ______ dejó de pensar en ello. Estaba muy cansada. Además estaba estresada. No iba a hacer el amor con Daniel, así que las preferencias sexuales de ese hombre le traían sin cuidado.
Alguien golpeó la puerta. A ______ se le disparó el corazón. ¿Habría logrado el tirador seguirla hasta allí? Dirigió la mirada a la ventana, esperando que sirviera como vía de escape.
La puerta se abrió y entró Dani con unos vaqueros rotos y descoloridos, una camiseta, una gorra de béisbol y un bigote falso. Todos esos cambios en su apariencia lo hacían parecer considerablemente diferente. Pero aun así, no le pasó desapercibido su expresión de enfado.
—Maldición, ¿qué estáis haciendo aquí dentro? ¿Una fiesta de pijamas?
—No te pases, Joe. Me he dado toda la prisa que podía —dijo Berta con una sonrisa, luego lo besó en la mejilla—. Buena suerte —le dijo a ______.
Luego se marchó, dejándolos solos.
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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  Nane el Jue Feb 11 2010, 14:12

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Re: Dominada por el deseo

Mensaje  Wenger el Sáb Feb 13 2010, 11:27

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Re: Dominada por el deseo

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